Sardinas, ¿en aceite o frescas?

Sardinas, ¿en aceite o frescas?

La sardina es uno de los alimentos más recomendables de la dieta mediterránea. Aporta abundantes proteínas, y es una gran fuente de ácidos omega 3. Elegir sardinas frescas o en conserva puede ser una duda entre muchos de los amantes de este pescado. Pero hay que decir que, se elijan de una manera u otra, ambas tienen muchos beneficios.

Las de lata, al tener más grasa resultan casi un 30-40% más calóricas que las frescas cocinadas sin aceite. De todos modos, el aporte de calorías de las sardinas en aceite es bajo: 210 calorías cada 100 gramos. Además, las sardinas en conserva tienen varias ventajas sobre las frescas: no requieren limpieza ni preparación alguna, están siempre listas y al punto, no necesitan frío para su conservación y, además, se puede ingerir su espina, que es una muy buena fuente de calcio, ya que es de fácil absorción por el organismo.

Una tapa o un bocadillo de sardinas en lata es un buen aperitivo, almuerzo o merienda para grandes y pequeños, una opción ideal para embarazadas (por sus innumerables beneficios para la salud) y una opción más que recomendable para los gourmets, ya que hoy en día hay latas de sardinas de una calidad y excelencia increíbles.